Ocho claves del éxito de Israel en innovación

13/Mar/2017

Revista El Medio- Carmelo Jordá

Ocho claves del éxito de Israel en innovación

En los últimos años he visitado varias
veces Israel, y en todas ellas las nuevas tecnologías y las famosas start ups
han sido una parte importante del programa. Lejos de aburrirme de la cuestión,
en cada nuevo viaje me parece más interesante, y cuanto más lo conozco más me
maravilla lo que ha ocurrido y lo que sigue ocurriendo en ese país que, como
bien decía Domingo Soriano aquí mismo, no tiene nada, al menos aparentemente.
Voy a tratar de explicarles lo que creo que
son algunas claves de este éxito, tantas y con tan complicado engranaje entre
ellas que hacen, yo diría, inexportable el modelo, lo que no quiere decir que
no se pueda aprender de él.
Hay una palabra que define cierta
característica del carácter judío y de la que se oye hablar mucho en Israel:
jutzpá. No hay una traducción directa al español, aunque sería una mezcla
deatrevimiento, osadía, falta de respeto a la autoridad, desprecio de la
posibilidad del fracaso, autoconfianza…
Como todos los tópicos, hay parte de
exageración y parte de verdad, y lo que sin duda sí hay en Israel es una cierta
actitud social que ve de una forma más positiva algunas de esas
características, en ocasiones incluso en ámbitos en los que resultan
extremadamente sorprendentes, como el castrense.
Sea como sea, esa mezcla de características
resulta un cóctel ganador a la hora de explorar soluciones tecnológicas o ideas
empresariales, de lanzarse a un mercado aparentemente imposible; de recuperarse
de la primera quiebra, y de la segunda y de la tercera, hasta triunfar…
Una de las cosas que caracteriza a Israel
en su corta historia es su capacidad para sobreponerse a los problemas y acabar
haciendo de ellos ventajas competitivas: que la mayor parte de la superficie
fuese desértica, por poner un ejemplo, sirvió para crear toda una industria
alrededor de la agricultura y el aprovechamiento del agua.
El gran ejemplo de esto es el Ejército
–sobre el que nos detendremos más adelante–: pocas desgracias peores puede
haber que estar rodeado de enemigos y tener que dedicar un porcentaje altísimo
de tu riqueza a las necesidades militares; pero las IDF han logrado desempeñar
un papel positivo en la sociedad israelí, más allá de las cuestiones puramente
castrenses.
Asimismo, se diría que ser un país pequeño,
con sólo ocho millones de habitantes –una cifra ridícula en comparación con
Estados Unidos, la Unión Europea y no digamos China– y con un idioma
prácticamente inaccesible al resto del mundo parece haber estimulado a los
emprendedores israelíes a buscar de partida un mercado global y a hacerlo,
obviamente, en inglés. Esta ambición y esta amplitud de miras es señalada por
los expertos como una de las razones del éxito de Israel en innovación.
La formación y la educación han sido,
tradicionalmente, una de las preocupaciones de las comunidades judías, allí
donde estuviesen. No es de extrañar, por tanto, que en Israel el sistema
educativo y, sobre todo, las universidades hayan alcanzado un alto nivel.
Universidades que no sólo forman a técnicos
y científicos de primera categoría internacional, sino que están en contacto
permanente con las empresas y el mercado y con un enfoque tremendo –también
económico– en la investigación.
Las consecuencias van desde el alto número
de israelíes ganadores del Nobel hasta la existencia de centros universitarios que
ingresan muchos millones al año en patentes, pasando, por supuesto, por dotar
de un respaldo poderosísimo a la innovación en el sector tecnológico.
Todo el que habla de las start ups y la
innovación israelíes menciona el importante papel del Ejército, uno de los
grandes éxitos del país como sociedad que ha logrado convertir la terrible
necesidad de tener que armarse hasta los dientes por la agresividad de sus
vecinos en la virtud de que la milicia no sólo sirva para la guerra, sino que
sea un eje vertebrador de la sociedad en varios sentidos.
En el asunto que nos ocupa, hay varios
aspectos que destacar: puede que el más importante sea la importancia del
servicio militar como salto hacia la madurez y la responsabilidad, que los
israelíes dan años antes que los europeos; tampoco hay que minusvalorar la red
de relaciones sociales más allá de las clases y los lugares de procedencia que
se teje, tanto en el tiempo de servicio efectivo como en los años en la
reserva…
Otro elemento, no menos importante, es el
enorme gasto en investigación que hace elMinisterio de Defensa; un esfuerzo
que, además, se centra en un tipo de investigación “casi pura”, tal y como nos
explicó Daniel Gold a un grupo de periodistas en Tel Aviv. Los resultados,
obviamente, se esparcen después tanto por el sector militar como por el civil.
Sorprendentemente, sobre todo para los que
defendemos puntos de vista liberales, otro factor importante ha sido la
acertada política gubernamental en el campo: hay que reconocer quepolíticas
públicas cautelosas en cierto sentido pero atrevidas en otros han logrado
excelentes resultados.
Le preguntamos por ellas a Avi Hasson,
máximo responsable desde hace seis años de la IsraelInnovation Authority (IIA),
antes conocida como la oficina del Chief Scientist, un organismo creado a
principios de los años 80, cuando los ordenadores eran poco menos que una
rareza e Internet un sueño en algunas mentes privilegiadas.
En sus oficinas en un moderno polígono
cerca del aeropuerto de Tel Aviv nos cuenta que la institución que dirige trata
de ayudar en todos los campos de la innovación, con la única excepción de lo
militar, que obviamente depende de Defensa, y de la investigación básica, que
recae en Educación.
Parte de su trabajo es ayudar a las
empresas como una especie de ventanilla única de la Administración: para todo
lo que necesitan pueden dirigirse a ellos, que a su vez contactarán con el
departamento correspondiente.
Otra de sus tareas es gestionar líneas de
financiación, con las que se reparten unos 500 millones de dólares al año,
cantidad importante pero que en el fondo solo es aproximadamente un 5% del
total que se invierte anualmente en innovación en Israel.
Un dinero que, según Hasson, “tiene que ir
a los proyectos de más riesgo”, aquellos que pueden aportar mucho conocimiento
y un gran valor añadido pero que tienen más dificultades para encontrar
financiación. En cualquier caso, nos aclara que su tarea no es guiar por dónde
debe ir la innovación –“no sabemos mejor que el sector privado qué sector será
el próximo en nacer o explotar”–, sino más bien “crear una infraestructura”.
Cada año reciben una 100.000 peticiones de
financiación, que son evaluadas por un panel de unos 150 expertos que no son
funcionarios sino “profesionales de la industria”, que visitan las empresas y
las analizan. ¿Qué es lo que buscan estos inspectores? Hasson nos explica
algunos criterios que son muy bien valorados: “Que se trate de desarrollar una
tecnología muy avanzada, que busquen grandes mercados, que el equipo humano sea
bueno y, si puede ser, que cuenten con partners”. El plazo entre la solicitud y
la respuesta es de un mes, y, aunque nos resulte increíble, a Hasson le parece
“demasiado tiempo”.
Hay varias precauciones para que esta
intervención del Estado no sea demasiado influyente en el rumbo que pueda tomar
la innovación: para empezar, no hay una planificación previa para impulsar una
u otra rama, sino que la gente presenta lo que quiere y a partir de ahí se elige
proyecto a proyecto. Por otro lado, nunca se da el 100% de la financiación, la
compañía que solicita la ayuda tiene que conseguir por otro lado al menos el
15%, aunque habitualmente es un porcentaje bastante mayor. Incluso hay casos en
los que la IIA se limita a dar una especie de aprobado para que a la empresa le
sea más fácil buscar financiación en otras fuentes.
Por último, aunque no dependan de la IIA,
hay otra serie de políticas públicas que son muy importantes: grandes
exenciones fiscales, facilidades para atraer talento foráneo… La explosión del
sector tecnológico israelí, en suma, “no ha sido una creación del Gobierno,
pero éste la ha empujado y alentado”, resume Hasson.
La presencia de multinacionales
En parte por esas políticas públicas, en parte
por la adquisición de compañías locales, en parte porque el país ofrecía un
entorno adecuado, las multinacionales del sector tecnológico llevan décadas
estableciéndose en Israel.
Intel, Microsoft o Dell, por poner sólo
tres ejemplos, son algunas de las empresas que tienen centros de desarrollo o
investigación allí, en algunos casos esenciales para su negocio en todo el
mundo: el 50% de los beneficios de Intel, por ejemplo, provienen de desarrollos
hechos en Israel.
Esta presencia de compañías foráneas, ese
acceso a los mercados de todo el mundo y esa capacidad para liderar procesos de
investigación globales han sido, sin duda, determinantes.
El ‘ecosistema’
Israel es un país pequeño y gracias a ello
incluso en un sector que ya emplea a cientos de miles de personas es posible
que, al menos en cierto sentido y en ciertos niveles, todo el mundo se conozca.
Esto hace que muchas cosas sean más sencillas: desde encontrar a las personas
adecuadas para cada proyecto a dar con la financiación necesaria, pasando por
un intercambio de conocimientos y habilidades extraordinario.
Algo que además se ve reforzado por otras
peculiaridades de Israel, como los contactos que se establecen en el servicio
militar y se mantienen durante los años como reservistas, o ciertapermeabilidad
entre diferentes capas sociales que hacen a la gente más accesible a todos los
niveles.
Incluso cuestiones que podrían parecer
anecdóticas tienen su influencia: el carácter de ciudades como Tel Aviv o Beer
Sheva –los dos grandes polos de la industria tecnológica israelí– ha
contribuido sin duda a generar comunidades alrededor de la innovación que son
muy atractivas para el talento y en las que se desarrolla una interacción muy
productiva para sus protagonistas.
Por último, hay un componente que sigue
alimentando esta ola de emprendedores e innovación: el altísimo prestigio
social que acompaña al éxito económico de los grandes emprendedores israelíes.
Lo resaltaba y no lo explicaba Avi Hasson:
“En Israel los emprendedores son como estrellas de rock”; quizá en España
deberíamos decir como futbolistas, para que se hagan ustedes una idea. “El otro
día estaba en un restaurante y entró Gil Shwed [el multimillonario creador de
la multinacional Check Point] y la gente se volvió loca”.
Como vemos, diferentes razones que
intervienen de formas muy distintas y que, incluso como un peculiar efecto
secundario en algunos casos, logran no sólo generar en grandes cantidades el
más importante recurso para la innovación, el talento humano, sino darle todas
las facilidades y todos los estímulos para que explote.